‘Divagaciones vitales’. Iracundo Ramírez

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Iracundo Ramírez

– Son enfermos, por tanto no se debe irritar uno por sus acciones.-

Esa era la meditada conclusión a la que había llegado Ramírez, quizás influenciado por un cierto instinto de auto protección. Sin embargo no podía evitarlo. ¿Le convertía esto en peor persona? ¿Qué oscura alimaña albergaba su ser, capaz de causar ese súbito aumento de ira?

La claridad del día impactó en sus pupilas reduciéndolas al tamaño de un grano de arroz cuando encaró la escalinata de bajada a la pista de aterrizaje. El calor en el exterior era sofocante, lo que desencadenó un aumento en el caudal de sus excreciones sudoríparas. La ira todavía patente parecía regirse por las leyes de los gases, demostrando que Gay-Lussac no se equivocaba al afirmar que el aumento de la presión está directamente relacionado con el aumento de la temperatura. Fluía por sus entrañas en una frenética carrera por encontrar una válvula de escape, ejerciendo una fuerza desorbitada en la cara posterior de sus globos oculares, provocando en ellos una macabra apariencia sanguinolenta.

Sin poder controlarse, se lanzó escaleras abajo sin importar quién se interpusiese en su camino, completamente cegado por el sentimiento que se había apropiado de su voluntad. En su carrera se llevó por delante a decenas de personas sin discriminación de edad, raza o religión, con el único objetivo de alcanzar el servicio de la terminal antes de que el vómito que ya asomaba por la comisura de sus labios comenzase a dispararse creando un improvisado espectáculo comparable a las Perseidas.

Tras un escaso pero eterno minuto de desenfrenada yincana humana, las puertas automáticas comenzaron a abrirse, dejando tras de sí una tormenta de insultos y exabruptos de la que ni siquiera había sido consciente hasta ese momento. Entró como una exhalación en la terminal, pero a escasos pasos de la puerta, dos guardias civiles se abalanzaron sobre él haciéndole clavar sus rodillas sobre el suelo recién encerado.

¡No podía ser! ¿¡Qué estaban haciendo?! Entonces se produjo la explosión, como si de una bombona de butano se tratase. Las lágrimas que escupían sus ojos se fundían en una heterogénea bechamel con el vómito que brotaba abundante al ritmo de los gritos que salían de su boca. Cientos de personas presenciaban la dantesca escena en disposición circular, disfrutando del espectáculo como lo hacían los antiguos romanos en los anfiteatros cuando sobre la arena se daba muerte a algún desgraciado.

Después de varios meses de prisión preventiva, se llevó a cabo el juicio por amenaza de atentado terrorista. Entre las barbaridades que se pudieron descifrar durante su ataque de ira, había afirmado que toda esa gente no merecía vivir. Como alegato final, el Señor Ramírez  pronunció una sola frase: “No conseguí soportar los aplausos de esos necios al aterrizar “.

– Gael –

El Arca de Pin (2015). Todos los derechos reservados.

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