‘Divagaciones Vitales’. Nacho, el reponedor informático

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Nacho, el reponedor informático

Solo una semana para los 30. Eran ya 8 los años que llevaba trabajando de reponedor en el Carrefour, sintiéndose afortunado por tener un trabajo con la situación socio-económica  en la que se encontraba inmerso el país. Los estudios de informática no le habían servido para nada más que para realizar algunos formateos a familiares y amigos a cambio de una propina o de un simple agradecimiento verbal, pero quizás algún día trabajaría de lo suyo. La vida da muchas vueltas y él todavía era joven.

Todo esto ocupaba la mente de Nacho en su desplazamiento al centro de trabajo, hasta que algo distrajo su atención. Sentado en uno de los incómodos bancos de plástico del barco de pasaje que lo dejaría al otro lado de la ría, vio a través del hueco de la ventana que había desempañado con la mano como a lo lejos, en la costa, se apagaba una hilera de farolas al mismo tiempo.

Se quedó fascinado con la idea de observar este fenómeno desde una perspectiva diferente a la habitual. Si otra persona en ese mismo momento estuviese debajo de una de esas farolas no podría determinar si se había fundido la bombilla, si solo se había apagado esa luminaria, o si se habían apagado varias a la vez. Sin embargo, la lejanía proporcionaba una visión real de lo que había sucedido. ¿Se podría extrapolar esta experiencia a otros ámbitos de la vida? ¿Tendría él una visión real de sí mismo, o esta sería una idea distorsionada derivada de una perspectiva demasiado cercana? Sacó su Smartphone del bolsillo e introdujo la siguiente frase en el buscador: “Calvo con melena”. Los resultados lo dejaron helado.

Él había llevado el pelo hasta los hombros desde su adolescencia heavy, pero desde los 22 años la alopecia se había ido instalando progresivamente en su ático sin pedir permiso. Durante todos estos años lo había ido disimulando con pañoletas, gorras, o con la forma de peinarse, creyendo que nadie lo notaría, pero el reflejo en la pantalla de su teléfono al bloquearse  le asestó una patada de realidad directa al hígado. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Desbloqueó nuevamente el Smartphone y los resultados seguían ahí: “Calvo con melena, no hay cosa que dé más pena”. Esa era la realidad, lo que la gente sentía al verlo: auténtica pena.

Había llegado el momento de dar un giro a su vida, y este comenzaría por un cambio de imagen. Levantó la vista hacia el resto de pasajeros con los ojos humedecidos por las lágrimas, y pudo observar un patrón que se repetía  claramente, y es que por cada 10 personas, 1 de ellas se había decantado por esta combinación, cuya perfección debía estar basada necesariamente en la proporción áurea.

Estaba casi decidido, ya que sus condiciones físicas le permitían llevarlo a cabo, pero sin embargo faltaba cerciorarse completamente de su idoneidad con una consulta el gran gurú, el que todo lo sabe, el que decide qué está bien y qué está mal. Una nueva pestaña en el navegador y una frase como resultado que cambiaría el rumbo de su vida definitivamente: “Calvo y con perilla, ¡qué maravilla!”.

– Gael –

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