‘Llamadme María’. Capítulo 1

'Llamadme María', Relatos cortos

Llamadme María

Capítulo 1 . Piloto

21:30. Suena la alarma del viejo Alcatel One Touch Easy. José María, absorto en la lectura del horóscopo de la revista de Ana Rosa Quintana, tarda varios segundos en reaccionar. No hay tiempo que perder. El concierto de jazz está programado para las 22:00 y él todavía está en pijama. Hoy no se ha vestido.

Encima de la cama, meticulosamente ordenadas, esperan las prendas elegidas para la ocasión: camisa negra, pantalón de pinzas a juego y calcetines azul marino. “El calzoncillo no hace falta cambiarlo, que hoy no he sudado”-piensa-.

Con su habitual parsimonia, comienza a vestirse prenda a prenda según un depurado patrón perfeccionado a lo largo de sus 37 años de vida. Sentado sobre el colchón,  empieza por colocar el calcetín del pie derecho, seguidamente, y sin apoyar el pie desnudo en el suelo, se pone la camisa previamente abotonada. Turno ahora para el pantalón. Introduce la pierna zurda, todavía sin contacto con el firme, por la pernera correspondiente, desliza el calcetín que le falta por la irregular geometría de su pie, se levanta, e introduce la otra extremidad por la segunda pernera del pantalón, sintiendo todavía el calor de la plancha que escasos minutos antes había pasado su madre sobre él.

Se dirige hacia la salida del dormitorio, que comparte con su hermano, 8 meses mayor. Allí están sus viejos pero impecables zapatos de punta y, colgada de un gancho tras la puerta, su inseparable gabardina de cuero negro que cubre su cuerpo desde la garganta hasta los pies. Es Agosto, pero José María, o María, como le gusta que le llamen, no hace distinciones en cuanto a su vestuario en función de la estación del año.

Son ya las 21:45, y debe recorrer todavía a pie los escasos dos kilómetros que separan su casa de la Plaza Bernardo Fardo, sita a orillas del puerto de pasajes. Cuenta con el tiempo justo para un fugaz paso por el cuarto de baño que le permita peinar su ya débil y escasa cabellera. Dos pulverizadas furtivas de Brummel, concedidas por los lejanos ronquidos de su padre, dueño del preciado brebaje, son suficientes. Agarrando firmemente el peine por su mango, lo desliza desde la frente hasta la incipientemente alopécica coronilla una sola vez, dejando claramente marcados los surcos de las cerdas sobre su cabeza.

De camino a la salida, María coge un botellín de cerveza vacío que había quedado entre los restos de la cena de sus padres todavía sin recoger. Se acerca al grifo y rellena un tercio con agua. Se lo guarda en uno de los amplios bolsillos laterales de su gabardina y sale de casa sin despedirse, girando la llave al cerrar para no despertar  a su padre, que duerme frente al televisor del salón. “Hoy va a ser una gran noche. El horóscopo no miente”-dice en voz alta, mientras emprende la marcha.

– Gael –

El Arca de Pin (2014). Todos los derechos reservados.

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