‘Llamadme María’. Capítulo 3

'Llamadme María', Relatos cortos

Llamadme María

Capítulo 3

El concejal de turno designado para ejercer de maestro de ceremonias entró en escena al tiempo que María, pero por el extremo opuesto del recinto. Mientras el primero profería halagos a políticos afines y patrocinadores públicos y privados desde el pequeño escenario, María analizaba visualmente cada rincón de la plaza, haciendo caso omiso a la palabrería barata del charlatán municipal.

Volvió en sí con el primer acorde. Rápidamente, se desplazó unos cuantos metros hacia la izquierda, hasta llegar al lugar que había escogido en sus minutos de trance. Desde allí, de pie, con su espalda en ligero contacto con la pared, cerró los ojos y se dejó guiar por el placentero camino que construían nota a nota con virtuosismo los músicos.

María no entendía de jazz. Ni siquiera podía decirse que le gustara demasiado. En su casa no había escuchado nunca nada parecido, sin embargo, esa sucesión de notas aparentemente inconexas flotando en el aire, le producían una inigualable sensación de calma. Su mente se separaba de su cuerpo y se transportaba a lugares y tiempos pasados en los que había sido feliz. De repente se quedaba solo en el mundo, sin importar quién era ni qué pensarían sobre él.

Entre tema y tema, cuando la música cesaba, el narcisismo llamaba a patadas a las puertas de su cerebro, y hacía acto de presencia llevando a María a interpretar el papel mil veces ensayado. Un trago ficticio más, aplausos suaves asintiendo, leve sonrisa y ojos entrecerrados, dando a entender que había notado que los músicos lo habían hecho a la perfección. Esto no era exclusivo de él, si no que el 80% de la gente que estaba allí actuaba de igual manera. Desde las ancianas que guardaban sitio desde horas antes sin saber siquiera qué espectáculo se iba a representar allí, hasta los que llevaban a Pit Bull o Juan Magán en sus Mp3 y se las querían dar de cultos.

María había descubierto el jazz en su año de estudiante de Filosofía en Santiago D.C., gracias a su  compañero de habitación en la residencia, que era un enamorado del género. José Alfredo, alias “Fredy”, era un bohemio madrileño de padres acaudalados que estaba en la capital gallega en su segundo año de carrera, y compaginaba sus estudios de Geografía e Historia con las visitas nocturnas a los locales de copas y conciertos de la ciudad. Debido a su origen foráneo y a su escasa asistencia a clase, María era lo más parecido a un amigo que tenía allí, por lo que al mes de conocerse lo invitó a asistir con él a un concierto que se celebraba en el Henry’s Club.

Hasta entonces, María carecía de personalidad. No se podía encasillar en ninguna tribu urbana ni en ningún grupo social ni nada parecido. Como mucho podría englobarse dentro de los raros. Fue allí, en el Henry’s Club, fascinado por los variopintos y excéntricos personajes que  se habían dado cita aquella noche de jueves de noviembre, donde  decidió crearse una imagen diferenciadora.

Le gustaba aquel ambiente lúgubre. El humo del tabaco y el olor a producto de limpieza de oferta del todo a cien impregnando cada rincón del local. Le gustaba la gran barra de bar con recargados detalles dorados en el frente, como también los 10 taburetes altos tapizados en skay rojo. Le gustaban los pilares cuadrados forrados de espejo entre los cuales se distribuían los vetustos sofás, que hacían juego con los taburetes, y le gustaba su correspondiente mesa baja que hacía de apoyo para la pequeña lámpara de mesilla de noche. Pero lo que más le gustó fue aquella gente. Le parecía que estaba asistiendo a un consejo de sabios. A la música no le había prestado demasiada atención, pero había sido un elemento más de aquel mundo paralelo que lo había hecho sentirse realmente a gusto.

Al día siguiente, tirando de una beca de aquellas que se concedían en tiempos de bonanza para las arcas públicas, se fue decidido a una peletería y se hizo con su característica gabardina de cuero negro, motivado por el look de uno de los asistentes al concierto de la noche anterior. A partir de entonces, el pequeño Josito, como era conocido en el pueblo, empezó la metamorfosis hacia el señor María.

– Gael –

El Arca de Pin (2014). Todos los derechos reservados.

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